Son muchas las creencias y leyendas que se cuentan en Calderas: el Silbón, el Caté del río Azul, la Llorona, los duendes o el Jinete que desanda por las calles del pueblo y variadas las contras que existen para protegerse de ellos: el chimó, el tabaco, cintas rojas, dientes de niños, y tijeras en cruz y ajo para las brujas.

 

 

“El Silbón es un hombre que la mamá lo maldijo por haber matado a toda la familia y haber puesto en un saco todos los huesos. Sale de noche en el camino de la gente que toma y los priva y mata…” explica John Ballesteros, un policía de Calderas.

 

 

El Caté es una leyenda propia de Calderas contada de diversas maneras por sus habitantes: un hombre alto que sólo deja ver la mitad de su cuerpo y rostro y que se sentaba en una piedra al margen izquierdo del río Azul – la piedra de El Caté-; para unos tiene un cuerpo gigante cubierto de pelo y un sólo ojo en la cara mientras que otros dicen que es mitad hombre y mitad bestia.

Otras versiones cuentan que es un pirata al que sólo se le va la mitad y que bajó al río para asustar a los niños que se acercaban a sus aguas o que es un espanto de media sombra que carga un saco de huesos en su espalda…

En todo caso, la leyenda de El Caté surge de la mitología griega del cíclope, es bastante antigua  y cada Caldereño se la contará de una manera distinta.

 

 

“La llorona, también llamada Sayona, una mujer que mató a su bebé, anda de noche por las calles y caminos con su hijo en brazos llorando y persiguiendo a los hombres mujeriegos” comenta Anni.