En medio de un bosque cafetalero se encuentra el pozo Azul, una laguna de un intenso y misterioso azul, bordeado de verdes colores desprendidos de la flora que acompaña el lugar: guamos, bucares, helechos machos, cedros, laureles y yagrumos que sirven de hábitat a bromelias.

 

 

 Nadie sabe de dónde viene la intensidad de su color. Sus aguas cristalinas permiten ver la vegetación que creció en sus profundidades. En él los caldereños no se bañan, pues temen al misterio de su coloración y al hecho de que no haya vida marina.

 

 

 Solo disturba la tranquilidad del lugar el ruido de la chorrera que lo alimenta, indistinguible entre la exuberante y densa vegetación que rodea el pozo.